Sabía que muchos no lo aprobarían, que no lo iban a entender. Él tenía posibilidad de hacer otras cosas; tenía familia comerciante y emprendedora, con quien podría trabajar cuando Aita muriera e Inaxio heredara como primogénito el caserío y la finca familiar. No tenía que irse tan lejos. Además, su hermano iba a necesitar ayuda para sacar el caserío adelante. Pero igualmente sabía que pocos se atreverían a decirle algo, porque él, para eso, era de un marcado carácter vasco y de montaña. Cuanta más oposición encontrara más se reafirmaría en su intención. La decisión estaba tomada "eta kito", que era como en euskera se expresaba lo de “como sigas insistiendo, entraremos en terreno peligroso”.
De este modo, cuando tomó la decisión, supo que además, lo haría, lo que en muchas ocasiones, para otro tipo de gente no significa lo mismo. Ahora la cuestión era hacerlo bien, no dejar a Aita con más dolor del debido. Ya había sufrido mucho desde la muerte de Ama. La ayuda de su hermana Lourdes para sacar adelante el caserío había resultado muy buena en lo que a la hacienda se refiere. Pero la herida de Aita era muy profunda, algo que sólo podía llevar con la ayuda de su fe y con la idea de que más pronto que tarde se reuniría con Ama.
Aquellas circunstancias podían tener menor influencia sobre Inaxio, su hermano. Él era un Inchauspe de los de siempre, apegado a su tierra y su familia, de ese tipo de personas que acaban con la paciencia de cualquiera que pretenda hacerlos cambiar. Inaxio crearía una familia en Lekaroz y habitaría en el caserío familiar con un gran letrero en el cuarto de estar “Jaungoikoa ta lege zaharrak”, como una advertencia a todo el que allí se sentara de que no sería bienvenido quien no respetara a nuestro Señor en el Cielo y las leyes antiguas.
El hecho de que la hacienda familiar perteneciera a Inaxio a la muerte de Aita no era discutible, ni por Inaxio, ni por él mismo. Esa finca era el símbolo de su familia y no podía segmentarse. Se la quedaría Inaxio y Josemari estaría orgulloso de ello. De hecho, detrás de esta ilusión de viajar estaba el poder crear Irumendi Berri allá donde viajara.
De este modo, cuando tomó la decisión, supo que además, lo haría, lo que en muchas ocasiones, para otro tipo de gente no significa lo mismo. Ahora la cuestión era hacerlo bien, no dejar a Aita con más dolor del debido. Ya había sufrido mucho desde la muerte de Ama. La ayuda de su hermana Lourdes para sacar adelante el caserío había resultado muy buena en lo que a la hacienda se refiere. Pero la herida de Aita era muy profunda, algo que sólo podía llevar con la ayuda de su fe y con la idea de que más pronto que tarde se reuniría con Ama.
Aquellas circunstancias podían tener menor influencia sobre Inaxio, su hermano. Él era un Inchauspe de los de siempre, apegado a su tierra y su familia, de ese tipo de personas que acaban con la paciencia de cualquiera que pretenda hacerlos cambiar. Inaxio crearía una familia en Lekaroz y habitaría en el caserío familiar con un gran letrero en el cuarto de estar “Jaungoikoa ta lege zaharrak”, como una advertencia a todo el que allí se sentara de que no sería bienvenido quien no respetara a nuestro Señor en el Cielo y las leyes antiguas.
El hecho de que la hacienda familiar perteneciera a Inaxio a la muerte de Aita no era discutible, ni por Inaxio, ni por él mismo. Esa finca era el símbolo de su familia y no podía segmentarse. Se la quedaría Inaxio y Josemari estaría orgulloso de ello. De hecho, detrás de esta ilusión de viajar estaba el poder crear Irumendi Berri allá donde viajara.


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