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sábado, 13 de noviembre de 2010

XV. PRIMEROS PASOS

Y ante la situación de atracción nerviosa que sentía, Josemari, viéndose sobrepasado, se situó en lo peor. Esta chica, pensó, no va a ver en mí más que lo que vio cuando, de críos, se conocieron comprando quesos el padre de él al de ella. Y decidió acercarse, para preguntar, con escueta corrección, cómo estaba su padre, que él lo recordaba, aunque más su padre, y a quién, si no a él, podía acercarse para interesarse por su primo el que había cruzado el mar, en busca de las américas.
Lo que no esperaba Josemari era encontrar, en la expresión de Izaskun al verlo, el interés que le pareció ver. De hecho, ella pareció sorprendida al ver que un "mutil" agraciado y de su agrado se acercara a ella con un motivo correcto y le expresara, con tal elegancia y corrección el interés por saber cosas de ella y de su familia.
Izaskun era una chica muy diferente de lo que se podía esperar de alguien de su edad y del lugar en qte la moraba. Y lo mejor de todo era que ella no sabía de su peculiaridad. Su familia siempre había tenido algo que la había hecho diferente. De hecho, ella era hija de la segunda mujer de su padre, y no era vasca del todo, sino medio asturiana por parte de madre. Con ello, Izaskun, siempre había notado a su alrededor una diferencia en la manera en que era vista su familia y como se veía normalmente a las demás familias del valle. Pero, no pensó que ello tuviera un valor en sí mismo, ni bueno ni malo, sólo diferente por pequeños detalles. Supuso que sería porque ellos eran medio de fuera y sólo medio de allí. Pero como en el valle la gente vivía muy a lo suyo, nadie le dijo "sois raros". Los Barrenechea eran buena gente, de esos de verdad, legales. Y su peculiaridad no dejaba de ser interesante.
El caso es que cuando Josemari se dirigió a ella para preguntarle si era de la familia Barrenechea y mostrarle su interés por la salud de su padre y sobre todo por su primo el que se había ido a "hacer las américas", Izaskun se volvió hacia él con verdadera y transparente curiosidad. Y eso paralizó a Josemari. Una de las razones de su decisión de cruzar el charco era que no encontraba nada lo suficientemente grande con todas las letras para quedarse. Y por un instante, dudó, y se asustó, como asusta el amor cuando enseña su pata por debajo de la puerta. Pero sólo fue un segundo, un agradable y profundo segundo. Algo para no tener demasiado en cuenta, algo que le permitía mantener sus sueños y sus programas, pero algo en lo que, cuidado que un instante de mirada fija de Izaskun, había supuesto un instante de no pensar en cruzar el charco.
Las miradas dijeron mucho más que las propias palabras, ya que, con intervalos, lo único que dijo Izaskun fue: "sí, mi padre es quien buscas" y "Luciano no es mi hermano, en realidad es mi primo, y no sé mucho de él, pero mi padre está en contacto con su hermana y algo te podrá contar".

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