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domingo, 12 de diciembre de 2010

XVI. EL RESTO DEL DÍA

Jóvenes disfrutan de la Fiesta Vasca de Zarautz. Josemari supo a través de Izaskun que su padre se encontraba perfectamente de salud, aunque fuera del pueblo en ese momento por un problema familiar.  La chica le contó que  Florencio  Barrenetxea seguía vendiendo los quesos y la leche del caserío y que el primer miércoles de cada mes iba al mercado de Aldapeta. Esta localidad quedaba a tan sólo hora y media andando desde Irumendi, y Josemari solía ir allí a comprar herramientas para el caserío. Con sólo hacer coincidir el día, podría ver a Florencio y saber cómo le iba a su sobrino haciendo las américas. Además, en jornadas de feria, Josemari había conseguido hacer muy buenos negocios con mercaderes y le estimulaban mucho estos eventos.
Empezó a tener buenas sensaciones al imaginar su futuro encuentro con el padre de Izaskun y el resto del día lo pasó Josemari de la manera habitual en este tipo de fiestas, alternando con unos y con otros. Siguió la obligada ruta gastronómica, de almuerzos, comidas, meriendas, catas de vinos y sidras y demás viandas. Entre los amigos que lo acompañaron en su visita y la gente que de otras localidades conocía y tuvo oportunidad de volver a ver, estuvo bastante entretenido.
No obstante, para el menor de los Inchauspe fue novedoso encontrarse siguiendo con la mirada a Izaskun allí donde volvió a coincidir con ella. Le encandiló la manera en que la chica sonreía a las personas con las que se cruzaba e intercambiaba saludos. Y sentía algo extraño también, como si no quisiera que ella se diera a esas personas a las que saludaba por medio de su sonrisa. Pensó que ojalá de su próximo encuentro con Florencio Barrenetxea surgiera un contacto más habitual con él y con su hija Izaskun. En aquel momento Josemari no era consciente de cómo aquella chica canbiaría su vida. 

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