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viernes, 1 de octubre de 2010

XIV. IZASKUN

Con lo que no contaba Josemari era con encontrar en Larrauri a la menor de la familia Barrenetxea, Izaskun. En realidad, más que el hecho de encontrarla en su pueblo, algo factible a todas luces, lo que no preveía Josemari era que aquella chica que conoció de niño se hubiese convertido en el pedazo de mujer que tenía delante.
Todo empezó con una pregunta, una vez que el baile comenzó, a uno de los chavales que atendían la barra de la taberna. Cuando le dijo que quería saludar a Florencio Barrenetxea, de parte de su padre, pero que no se acordaba muy bien de él, el camarero le dijo que allí sentada con unas amigas estaba Izaskun, su hija. Por lo visto, Florencio se encontraba mal de salud y no había bajado a las fiestas del pueblo.
Izaskun, que había acompañado a su padre por toda la comarca a vender los quesos que hacía en el caserío, había crecido y sobre todo, había embellecido. Aquella niña "feucha", con cejas pobladas y pelo rizado se había convertido en una mujer con todas las letras. En la forma actual de su rostro se podía reconocer quizás a la niña que fue, pero con su actual anatomía, sus curvas y la expresión de su mirada, lo que podía no ser un rostro bonito de niña, se había convertido en una cara de mujer, en un cuerpo de mujer y en un conjunto de lo más atractivo que Josemari había visto nunca.
Por esta razón, cuando le dijeron de quién se trataba, Josemari tuvo que pensar dos veces la manera de acercarse. Además del interés de preguntar por su hermano Luciano, experimentó una repentina necesidad de agradar a semejante "neska".

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